El miedo a... ¿La Fotografía?

Para la segunda sesión correspondiente a la serie "Historia de un ventilador" pensé en realizar algunas tomas nocturnas. Suelo circular por la Av. Central, y me pareció encontrar el lugar propicio para lo que llevaba en mente: un acotamiento localizado poco después de la estación Nezahualcoyotl de la línea B del metro. Así pues, una noche de viernes me dispuse a llevar a cabo mi labor.
Y ahí estaba, tranquilo aunque un poco nervioso porque sentía los autos muy cerca, mas satisfecho por los resultados que estaba obteniendo. De pronto, divisé que un individuo se dirigía hacia mi, sorteando el tráfico de la mencionada Avenida. Su aspecto de entrada era intimidante, y cuando menos sentí ya lo tenía frente a mí.
"¿A quién le estás tomando fotos? ¡Muéstrame una identificación!" Me dijo, de una manera nada amable, y sí bastante agresiva. Por supuesto, me tiró de a loco cuando le dije que al ventilador y me negué a mostrarle identificación a quien de entrada sin autoridad alguna y sin identificarse previamente me lo pedía. En este momento ya eran dos tipos los que tenía contra mí.
Siguió el interrogatorio y mi negativa a contestar, el más grande me arrebataba la cámara a la voz de "o la sueltas o ya verás cómo te va". Yo nunca he sido bueno para los golpes y dada la situación tenía todas las de perder. No sabía que pensar en ese momento, pero pude ver en la playera del otro sujeto el logotipo de "La Cava" un bar que se encontraba casi frente a donde estaba haciendo las tomas.
No tuve más remedio que soltar a Mariana (mi cámara) y dejarla muy, muy a mi pesar en manos de esos sujetos.
Ellos atravezaron la Avenida, mientras yo me quedé ahí, apanicado y sintiendo un gran vacío. Pude observar que frente a La Cava había un pequeño revuelo y decidí acercarme.
En cuanto llegué al lugar arribó un patrulla, la cual había sido solicitada por los mismos del bar. El dueño me inquirió de nuevo, ¿Por qué le estás tomando fotos a mi negocio? ¡¡Joder!! ¡Que no le estoy tomando fotos a tu fucking negocio! Pensé, pero los polis, muy amables he de decir, se encargaron de mediar en el asunto. Bastó conque les mostrara una a una las fotos que tenía en la cámara, para que pudieran constatar que su barsucho ocupaba un lugar ínfimo en las imágenes, y que no se distinguía persona alguna. Me ofrecieron una disculpa, me regresaron a mi Mariana, y todo quedó ahí.
Ahora bien, sirva esta experiencia para la reflexión. ¿Estamos conscientes del poder existente en nuestras manos al tener una cámara fotográfica? Salir a fotografiar ya no es lo mismo. Las características y el concepto que se tiene de la fotografía como registro fiel y detallado la convierten a ojos de los demás en una potencial herramienta para delinquir. Sin embargo también existe el otro lado de esto, y es que también es cierto que cada vez estamos más vigilados. Es muy difícil que salgamos a la calle y no seamos tomados, al menos durante breves instantes, por alguna cámara de seguridad.
Así pues, la imagen es poderosa, sea cual sea la intención para que la usemos, mas debemos andar con cuidado. No hay que ser tan crédulo de lo que vemos, siempre hay que poner en duda la imagen y lo que nos dicen de ella, siempre debemos ser cuidadosos con la manera en que la interpretamos o nos sugieren que lo hagamos.
Todo este choro valga como una introducción a muchos de los temas que trataremos por aquí. ¡Buena semana! Y cuiden su salud.



